Cantuña y la construcción de la Iglesia de San Francisco

Cantuña y la construcción de la Iglesia de San Francisco

Esta historia es una de las más antiguas y queridas de la ciudad, y aunque está llena de imaginación, tiene un lugar especial en el corazón de los quiteños. Así que, ponte cómodo, porque esto es un viaje al pasado, con un toque de misterio y un indígena ingenioso que se las arregló para burlar al mismísimo diablo. ¡Vamos allá!

¿De qué trata la leyenda de Cantuña?

La Iglesia de San Francisco, conocida como el «Escorial del Nuevo Mundo», es una joya del centro histórico de Quito. Su construcción empezó en 1535, poco después de que los españoles fundaran la ciudad, y tomó más de 150 años en completarse. Pero la leyenda que te voy a contar no habla de esos largos años de trabajo, sino de una noche mágica (y un poco tenebrosa) que involucra a un indígena llamado Cantuña.

Según la tradición, Cantuña era un indígena contratado por los frailes franciscanos para construir el imponente atrio de la iglesia. Los franciscanos, que llegaron a Quito con la misión de evangelizar, querían un lugar grandioso para sus actividades religiosas, y este atrio era clave. Le dieron a Cantuña un plazo fijo para terminar la obra, y aunque algunos dicen que le pagaron por adelantado, el tiempo se le vino encima. Imagínate la presión: ¡un proyecto enorme y un reloj que no paraba de correr! Cantuña, desesperado, no veía cómo cumplir con el plazo.

El pacto con el diablo

Una noche, cuando Cantuña estaba al borde de la desesperación, se le apareció el diablo (sí, ¡el mismísimo Lucifer!). Con una voz profunda y un poco aterradora, le hizo una oferta que sonaba tentadora: «Yo terminaré el atrio en una sola noche, pero a cambio, me das tu alma». Cantuña, que no quería ir a la cárcel ni quedar mal con los frailes, aceptó el trato. ¿Qué más podía hacer? Era eso o nada.

Cantuña y el Diablo

Al caer la noche siguiente, un ejército de diablillos apareció y empezó a trabajar a una velocidad impresionante. Piedra tras piedra, el atrio comenzó a tomar forma. Los quiteños de la época, según la leyenda, escuchaban ruidos extraños y veían luces misteriosas alrededor de la iglesia. Al amanecer, el atrio estaba casi listo, y el diablo se acercó a Cantuña para reclamar su alma. Pero aquí viene el giro genial de la historia…

La astucia de Cantuña

Cantuña, que no era ningún tonto, había planeado un truco. Antes de que los diablillos empezaran a trabajar, escondió una piedra bajo su poncho sin que nadie lo notara. Cuando el diablo vino por él, Cantuña le dijo: «Un momento, el trato era que pusieras cada piedra en su lugar, pero falta una. ¡No cumpliste!». El diablo, furioso, revisó el atrio y, efectivamente, faltaba esa piedrita. No podía reclamar el alma de Cantuña porque el trato no se había cumplido al 100%. Algunos dicen que Lucifer se fue echando humo, insultando a Cantuña por haberlo engañado. ¡Qué viva la astucia quiteña!

Diablo Huyendo

Hay quienes cuentan que esa piedra faltante todavía está perdida, y que si alguien la coloca, la iglesia se derrumbaría. Así que, si algún día visitas el atrio de San Francisco, mira bien… pero mejor no toques nada, ¿eh?

¿Quién era Cantuña?

Aquí la historia se pone un poco más interesante, porque no todos están de acuerdo sobre quién era Cantuña. Según el padre Juan de Velasco, un historiador del Reino de Quito, Cantuña era hijo de Hualca, un indígena que había ayudado al guerrero inca Rumiñahui a esconder los tesoros de Quito para que no cayeran en manos de los españoles. Se dice que Cantuña gastaba mucho dinero, y cuando le preguntaban de dónde lo sacaba, él bromeaba diciendo que había hecho un pacto con el diablo. ¿Casualidad? Tal vez no.

Otra versión más coloquial lo pinta como un arquitecto talentoso pero con un pequeño problema: le gustaba la bebida. Algunos incluso dicen que no era constructor, sino herrero, y que trabajaba para los franciscanos. Sea como sea, la leyenda lo convirtió en un símbolo de ingenio y viveza criolla. En Quito, Cantuña es casi un héroe popular, y hasta hay una capilla en la iglesia que lleva su nombre: la Capilla de Cantuña, que merece un artículo propio para explorar su historia y su arte.

El contexto histórico

Aunque la leyenda es súper entretenida, la realidad es un poco menos mágica. La Iglesia de San Francisco fue construida con el esfuerzo de muchos indígenas y españoles, bajo la dirección de frailes franciscanos como Fray Jodoco Ricke, un misionero flamenco que llegó a Quito en 1535. La iglesia se levantó sobre lo que se cree que era un templo inca, y su construcción fue un proyecto enorme que combinó estilos renacentistas, manieristas y barrocos. El atrio, que es el centro de la leyenda, es una obra maestra con una escalinata en doble semicírculo que algunos dicen que se inspiró en el trabajo del famoso arquitecto Bernini.

Construcción de la Iglesia

La mano de obra indígena fue clave en este proyecto, y eso podría explicar por qué un indígena como Cantuña se convirtió en el protagonista de esta historia. En esa época, los indígenas trabajaban en condiciones duras, y tal vez la leyenda surgió como una forma de darles voz y reconocimiento. Además, el tema del diablo era común en las historias coloniales, porque los frailes usaban estas ideas para evangelizar, asustando a la gente con el infierno para que se convirtieran al catolicismo.

La iglesia hoy en día

La Iglesia de San Francisco sigue siendo un lugar increíble para visitar. Está en el corazón del centro histórico de Quito, frente a la Plaza de San Francisco, y es el complejo arquitectónico más grande de los centros históricos de América. Dentro, puedes ver más de 3,500 obras de arte colonial, muchas de la Escuela Quiteña, un estilo artístico que nació en los patios de este convento y que es tan famoso que sus piezas están en museos de todo el mundo. La Escuela Quiteña es otro tema que podría tener su propio artículo, porque sus esculturas y pinturas son alucinantes.

En el altar mayor, destaca la Virgen de Quito, una escultura de Bernardo de Legarda que inspiró la estatua del Panecillo, y el Jesús del Gran Poder, que sale en la procesión de Viernes Santo, una de las más grandes de Ecuador. Si te interesa, las procesiones de Semana Santa en Quito son otro tema que vale la pena explorar.

¿Por qué sigue viva esta leyenda?

La leyenda de Cantuña lleva más de 400 años circulando, y se dice que fue una de las primeras historias que se contaron tras la fundación de Quito en 1534. Sigue viva porque mezcla lo mágico con lo real, y porque refleja el espíritu de los quiteños: ingeniosos, creativos y un poco rebeldes. Además, la iglesia es un símbolo de la ciudad, y esta historia le da un toque de mística que encanta a todos, desde los locales hasta los turistas.

Resumen

La leyenda de Cantuña y la construcción de la Iglesia de San Francisco es un pedacito de la historia y la imaginación de Quito. Nos recuerda que, detrás de las grandes obras, siempre hay historias humanas, y que a veces un poco de astucia puede cambiarlo todo, incluso si tu rival es el diablo. Si algún día pasas por la Plaza de San Francisco, párate en el atrio y piensa en Cantuña… pero, por favor, no busques la piedra que falta, ¡no queremos que se caiga nada!

¿Te gustó la historia? Si visitas Quito, no dejes de entrar a la iglesia y sentir la magia de este lugar tan especial.